Séptimo virrey ÁLVARO MANRIQUE DE ZÚÑIGA (Marqués de Villamanrique)




Séptimo virrey ÁLVARO MANRIQUE
DE ZÚÑIGA
(Marqués de Villamanrique)
(1585-1590)

Era hijo del cuarto duque de Béjar. Sirvió a la Corona de España con tanta eficacia y lealtad que el rey Felipe II le dio el título de marqués de Villamanrique en reconocimiento a su labor.
El día 26 de febrero de 1585, don Álvaro Manrique de Zúñiga recibió el nombramiento de virrey de Nueva España, directamente del monarca. Duró todavía algún tiempo en España, hizo el viaje a Veracruz en un barco de guerra y entró solemnemente en México el 18 de noviembre, acompañado de su esposa. Inició su gobierno haciendo cumplir las ordenanzas sobre el comercio de vinos en la capital y reguló los sitios donde podía haber tabernas. En el año de 1586 volvió a recrudecerse el disgusto entre los cleros regular y secular, por asuntos de jurisdicciones. Siempre el clero regular, los frailes, contaron con el apoyo del pueblo, mientras que el virrey, en este caso, y la nobleza, se inclinaron por los seculares. Los frailes de las órdenes de Santo Domingo, San Agustín y San Francisco, tuvieron disgustos muy serios con el virrey Manrique.
Otra calamidad que asolaba al comercio de Nueva España eran los piratas, corsarios que cometían depredaciones y robos en las costas. El bucanero Walter Raleigh logró apoderarse del galeón que venía de Manila a Acapulco, perdiéndose todos los efectos que traía y que representaban un rico tesoro.
El virrey Manrique creó un cuerpo de milicias de voluntarios para rechazar cualquier desembarco de los filibusteros y armó dos buques para combatirlos en alta mar. Para entonces ya se había constituido la Audencia de Guadalajara, que obraba independientemente de la de Méxco y casi del Virreinato, por lo que el marqués de Villamanrique la llamó para establecer jurisdicciones, que les parecieron arbitrarias a los oidores. Las quejas contra el virrey Manrique empezaron a llegar al Real Consejo de Indias con muchos cargos, la mayor parte injustos o exagerados; se decía que existía el riesgo grave de que las "injusticias y abusos" del virrey produjesen una guerra civil.
Alarmado el Real Consejo de Indias dispuso el nombramiento de un visitador, cargo que recayó en don Pedro Romanos, obispo de Tlaxcala, enemigo del virrey por los incidentes habidos con el clero regular. El obispo Romanos, que además traía nombramiento de juez de residencia contra el marqués de Villamanrique, le embargó sus bienes y lo destituyó del cargo. Manrique permaneció seis años más en México, pobre, enfermo y procesado, hasta que al fin pudo regresar a España donde solicitó la restitución de sus bienes sin haberlo logrado. Murió en Madrid a fines de 1590, en gran estado de pobreza

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