Vigésimo séptimo virrey FRAY PAYO ENRÍQUEZ DE RIVERA




Vigésimo séptimo virrey
FRAY PAYO ENRÍQUEZ DE RIVERA
(Arzobispo de México)
(1672-1680)

Nació en Sevilla en 1622, hijo bastardo de un comandante militar de Andalucía. Estudió en su ciudad natal e ingresó en la orden de San Agustín.
Después fue maestro de teología en Osuna y en las universidades de Burgos, Valladolid y Alcalá de Henares, donde lo conoció el rey Felipe IV que le cobró mucha estimación y lo nombró para que se hiciera cargo del obispado de Guatemala que desempeñó durante diez años. En 1667 fue nombrado obispo de Michoacán y después arzobispo de México. Como en España se tenía noticia de la enfermedad del duque de Veragua, quien por compromiso con el monarca aceptó el Virreinato, la reina regente Mariana de Austria nombró en pliego secreto al obispo Enríquez de Rivera virrey sustituto de la Nueva España.

 Este virrey dio un gran impulso a las obras públicas, no sólo de la ciudad de México sino de muchas plazas que lo requerían; con las milicias de voluntarios de la costa de Barlovento hizo que los ingleses abandonaran Coatzacoalcos y la Laguna de Términos; reforzó la guarnición de Campeche, puso especial cuidado en llevar las cuentas de ingresos para poder cubrir exactamente los gastos de los que tenía proyectado y fue desarrollando cómo terminar las obras del desagüe de México, la construcción de una calzada empedrada y bien hecha a la Villa de Guadalupe, junto con un acueducto; construyó 25 puentes de cal y canto sobre los canales que había en México, sustituyendo las endebles y peligrosas pasarelas de madera; inició la reconstrucción de la iglesia de San Agustín, donde después estuvo la Biblioteca Nacional, que había sido casi destruida por un incendio; pacificó a las tribus alzadas de Nuevo México. Fundó la villa de Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez, sobre el río Bravo en 1677.
        
 En 1680 solicitó que lo revelaran de ambos cargos, el de arzobispo de México y el de virrey de Nueva España, lo que le fue concedido. Entregó en el más completo orden su gobierno, dio cuenta hasta del último centavo gastado durante su administración. Entregó el poco dinero que era de su propiedad a un asilo de huérfanos y regaló su biblioteca al Oratorio de San Felipe Neri. Se retiró a España, donde vivió en el convento de San Agustín, en Alcalá de Henares, hasta su muerte ocurrida el 8 de abril de 1684.

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