Pedro Miralles





Pedro Miralles (1955-1993), diseñador industrial y arquitecto español, uno de los principales representantes de la corriente ilustrada del diseño español en el último tercio del siglo XX.
Nacido en Valencia, comenzó a estudiar arquitectura en su ciudad natal, pero pronto se trasladó a Madrid, donde en 1980 se tituló en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Allí estableció contacto con diversas personalidades vinculadas a la cultura posmoderna, como Rafael Moneo, su principal maestro en la universidad, y otros que más tarde constituyeron la denominada “movida madrileña”, como Pedro Almodóvar o Guillermo Pérez Villalta. En 1983 comenzó a trabajar en el taller del modisto Jesús del Pozo, y un año más tarde realizó en Valencia su primera exposición individual de muebles. Su consagración como diseñador industrial, llegó en 1987, cuando obtuvo una beca del IMPIVA para realizar en Milán el prestigioso máster de la Domus Academy. Desde entonces, desarrolló una inagotable actividad profesional, en colaboración con numerosas empresas españolas, francesas e italianas.
Entre sus diseños más emblemáticos se encuentran la silla Hakernar (Sedie & Company, 1987), dotada de un respaldo-muralla en el que se puede colgar un pequeño macetero; las mesas Andrew Sisters (Punt Mobles, 1988), una colección de tres muebles auxiliares anidables con acentos biomórficos; la silla Lynx (X.O., 1989), de acero flexionado, a caballo entre la morbidez formal y la dureza material; el escritorio plegable Compás (Punt Mobles, 1990), fabricado con delicadeza en madera de cerezo; la lámpara Liquid (Eclipsi, 1991), pequeña luminaria de alabastro ideada para derramar una tenue luz; y la silla Arabesco (Carlos Jané, 1992), una confortable butaca que hace compatibles las sugerentes formas orientales con las exigencias industriales más precisas.
La figura de Pedro Miralles aparece como una constante contradicción, resuelta siempre en favor de una deliberada ambigüedad. Así, aunque su actividad y su formación se desarrollaron en Madrid, se le debe considerar un diseñador levantino, puesto que su carrera se apoyó en la confianza de empresas e instituciones valencianas. Como diseñador, combinó una cierta adscripción a la posmodernidad con un constante esfuerzo dirigido a la adecuación de los procesos industriales o tecnológicos y a la comodidad funcional de sus objetos. Por último, su interés intelectual por la cultura anglosajona tuvo que convivir con una vitalidad exultante heredera del mundo mediterráneo, el mar que le vio morir, prematuramente, a finales del verano de 1993.



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