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Larbi ben Barek




Larbi ben Barek
Larbi ben Barek (1914-1992), jugador francés de fútbol. Nació el 15 de febrero de 1914 en la ciudad marroquí de Casablanca (entonces perteneciente al Marruecos francés). Quedó huérfano de padre cuando era niño, por lo que tuvo que empezar a trabajar a los 14 años de edad. Antes de interesarse por el fútbol, practicó el boxeo y el ciclismo. Inició su carrera como futbolista en diversos equipos locales (Watane, Ideal, CM Casablanca y Union Sportive Marocaine) hasta que, en 1937, fue contratado por el Olympique de Marsella. Sólo pudo disputar dos temporadas con su nuevo club, pues el inició de la II Guerra Mundial (durante la cual jugó de nuevo en el Union y ganó cuatro campeonatos) interrumpió las competiciones. Una vez finalizada la contienda, en 1945, regresó a Francia y fue fichado por el Stade Français. En 1946, durante un partido amistoso que su equipo jugó frente al Atlético de Madrid en el Estadio Metropolitano, su exquisita técnica deslumbró al público y a los dirigentes de dicho equipo español, que culminó su contratación en 1948. Debutó en Primera División con el Atlético de Madrid el 19 de septiembre de ese mismo año. A su elegancia como creador del juego rojiblanco y a su gran calidad a la hora de desbordar a los contrarios se sumaron, en la temporada 1949-1950, la velocidad del delantero sueco Carlsson y la sabiduría del entrenador Helenio Herrera. Esta conjunción no tardó en traducirse en éxitos deportivos y, así, el Atlético de Madrid logró de forma consecutiva dos títulos de la Liga española (1950 y 1951). Ben Barek abandonó el Atlético de Madrid en 1954 y regresó al Olympique de Marsella, en el cual, tras jugar una campaña (1954-1955) puso fin a su trayectoria como futbolista (aunque todavía jugaría de manera ocasional en Argelia).
Apodado La Perla Negra por la extraordinaria calidad de su juego, disputó 17 partidos internacionales con la selección nacional francesa. Debutó con ella sólo seis meses después de llegar por primera vez a Francia y todavía fue convocado para defender sus colores cuando tenía 37 años de edad. Tras retirarse entrenó a varios equipos del norte de África, aunque acabó en un solitario olvido. En septiembre de 1992 apareció muerto en su piso de Casablanca.

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JUANA DE ARCO (1412-1431)




Cuando todo hacía prever la total caída del territorio francés en manos de los ingleses, surgió una figura extraordinaria: Juana de Arco.
Había nacido el 6 de enero de 1412 en Domrémy-les-Greux, lugar situado en el límite de la Campaña y la Lorena. Era la tercera hija de un matrimonio de labradores acomodados. Hacia los trece años de edad comenzó a tener visiones deslumbradoras, en las que oía voces divinas que le aconsejaban fuese buena y piadosa, puesto que era la elegida para "salvar a Francia y hacer consagrar al Delfín" (Carlos VII).
Cuando los ingleses sitiaron a Orleans, las visiones y revelaciones se hicieron más frecuentes, concretándose en un mandato apremiante: liberar Orleans.
El 10 de mayo de 1428 presentóse al señor de Baudricourt, capitán de las fuerzas que guarnecían Vaucouleurs, quien no hizo el menor caso de las palabras de Juana, considerándolas fruto de "folies de fillette" (locuras de chiquilla). Por segunda vez Juana compareció ante Baudricourt diciéndole: -"Mi Señor, a quien pertenece el reino de Francia, me ha ordenado que llegue hasta el Delfín para que lo haga consagrar y ser rey, a despecho de sus enemigos."
Después de muchas vicisitudes pudo comparecer ante el delfín Carlos VII. Se la introdujo de noche en un gran salón iluminado con antorchas y en el que se hallaban congregadas multitud de personas. Entre ellas y ataviado con la mayor sencillez se hallaba el incrédulo Carlos VII. Juana, que jamás había visto al Delfín, se adentró entre los grupos de caballeros y doblando la rodilla ante el príncipe exclamó:
-"Dios os dé buena vida, gentil Delfín. En nombre de Dios os pido me deis gente armada y obligaré a los ingleses a levantar el sitio de Orleans y os llevaré a coronar en Reims, pues es voluntad divina que los ingleses se vayan a su país y que vos seáis rey de Francia."
Las palabras de Juana de Arco se cumplieron. En once días obligó a levantar el sitio de Orleans. La noticia despertó en toda Francia oleadas de entusiasmo y en señal de júbilo fueron encendidas hogueras en las cumbres de las montañas. Después, las victorias se sucedieron sin interrupción: en Patay fue derrotado un cuerpo de ejército inglés, los franceses recuperaron las ciudades de Gien, Auxerre, Troyes, Chalons... Carlos VII fue ungido y coronado rey en la catedral de Reims y durante la ceremonia Juana estaba de pie, cerca del altar, con su estandarte blanco, bordado con lises de oro y en el que campeaban los nombres de Jesús y María.
Las victorias continuaron, pero las intrigas y envidias se alzaron en torno de Juana; el rey, que era desconfiado, sombrío y melancólico, dejó pasar en completa inacción todo aquel invierno. Juana de Arco, deseosa de acabar con los ingleses, marchó al sitio de Compiegne en el que fue hecha prisionera. Los ingleses celebraron la prisión de la doncella con un solemne Te Deum. Mientras tanto, Carlos VII, faltando al honor y al agradecimiento, abandonó por completo a su salvadora, vendida por Juan de Luxemburgo a los ingleses en 135.000 francos.
El obispo Cauchon, afiliado al partido inglés, hizo incoar proceso eclesiástico contra Juana. Los interrogatorios duraron largos meses. El texto de aquel proceso, que todavía se conserva, demuestra la serie continuada de maquinaciones puestas en juego para condenarla. Fue sentenciada a muerte en la hoguera por "herética, relapsa, apóstata e idólatra". El día 30 de mayo de 1431, Juana de Arco fue sacada de la cárcel para ser quemada en la Plaza del Mercado Viejo de la ciudad de Ruan. La pira era más alta que de costumbre a fin de prolongar los tormentos, cosa que al propio verdugo pareció muy mal. Cuando las llamas rodearon su cuerpo, después de haber besado con gran fervor y repetidamente el crucifijo, exclamó: - ¡Jesús! ¡Jesús!... Éstas fueron sus últimas palabras. Juana tenía sólo 18 años.El cuerpo de la mártir quedó consumido por las llamas y sus cenizas fueron arrojadas al Sena.
Las victorias de Juana de Arco señalaron el fin de la
dominación inglesa en Francia. El impulso que dió a la liberación de su patria fue tal que no acabó con su muerte y los ingleses fueron expulsados de Francia, en la que sólo conservaron el puerto de Calais. La Guerra de los Cien Años había terminado.
El mismo Carlos VII, al recobrar la ciudad de Ruan mandó revisar el proceso de Juana de Arco, que fue declarado injusto. Era lo menos que podía hacer. En nuestros días la "Doncella de Orleans" es venerada en los altares como Patrona de Francia.

Fue canonizada en 1920 por el papa Benedicto XV. Su fiesta se celebra el 30 de mayo, día de su ejecución.







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